Hace rato tenía ganas de contarles acerca de esta isla mágica y misteriosa que tantos sueñan con conocer.
Recuerdo que cuando era chica mis papas nos regalaron a mí y mis hermanos una revista «Conozca más» en la que figuraba un Moais (estos increíbles tallados de piedra) en la tapa. Con mis 8 o 9 años lo primero que hice fue ir a la nota donde hablaban de la Isla de Pascua. La revista contaba sobre teorías conspirativas, de OVNIS llevando estos colosos hacia la isla y muchísimos misterios más. Me atrapó de inmediato y siempre me imagine que esa isla tenía algo impactante.
Cuando decidimos hacer este viaje por Nueva Zelanda y la polinesia no podíamos dejar de lado pasar por acá, era la ruta perfecta para nuestro itinerario.
Llegamos sabiendo que mis expectativas eran demasiado altas, pensando que todo lo imaginado desde mis 8 o 9 años era producto de mi imaginación y así y todo nos llevamos una gran sorpresa, ¡la isla es preciosa!
Desde el avión se veían los acantilados de piedra volcánica negra en contraste con un mar extremadamente azul y una bravura intensa.
Le dedicamos un día a recorrer el pequeño pueblo e investigar los alrededores.









Disfrutamos muchísimo los días primaverales que nos tocaron y aprovechamos al máximo los tecitos en el hall del hostal, siempre con alguna compañía inesperada.


Cruzando la ruta desde la cabaña está el cementerio mirando el mar, difícil no prestarle atención a sus tumbas que parecen obras de arte.
Aprovechamos a probar la famosa chorrillana y una cervecita local. Todos los locales de comida tienen casi el mismo menú, mucha papa, quesos y carnes.














Al caer la tarde mucha gente se reúne en la explanada de este «Ahu» o altar con moais, a contemplar las puestas de sol que tienen muchos colores. Muy cerca también está el museo arqueológico.
Casi todos los días de nuestra estadía pasamos por este lugar a relajarnos y disfrutar estos colosos.










Esta fue nuestra primera parada en el tour que contratamos. Nuestra guía nos contaba que este lugar es considerado la cuna de la historia y la cultura de Isla de Pascua. Fue aquí donde el primer rey de la isla, el Ariki Hotu Matu’a, desembarcó con sus hombres y estableció el primer centro poblado que dio origen a la cultura Rapa Nui.











El nombre de esta cueva se ha prestado para grandes especulaciones. En el idioma rapanui la palabra Ana significa “cueva” y la palabra Tangata quiere decir “hombre”. El problema reside en el término Kai que se suele traducir por “comer”, con lo que la traducción literal sería “la cueva donde comen hombres”. De ahí que a Ana Kai Tangata se la conoce también como “la cueva de los caníbales”.
En este lugar se puede apreciar las olas reventando en los acantilados cercanos, se puede sentir la belleza y fuerza del pacífico azotando en las rocas volcánicas.







Para entender esto debemos ver la importancia que tienen los pájaros en la cultura pascuense, estos se manifiestan a través de grabados, pinturas, esculturas y leyendas a lo largo de su historia, hasta algunos moais de los más nuevos tienen grabados en sus espaldas pájaros.
Si bien lo de los ovnis y extraterrestres que me creí cuando era niña no es cierto, la realidad superó la ficción y esto es lo que más me asombro de la cultura rapanui. El culto al manutara y la competencia del hombre pájaro. El manutara es el «pájaro de la suerte» un ave marina migratoria que llegaba a la isla cada primavera para poner sus huevos.
En un principio, la celebración de la competencia del hombre pájaro tuvo un carácter religioso en honor a Make Make. El dios creador había traído los pájaros marinos a la isla, donde anidan durante los meses de primavera y verano. Pero con el paso del tiempo debido al ascenso de los nuevos clanes dirigidos por líderes guerreros, la ceremonia fue tomando un perfil más político, convirtiéndose en un sistema que permitía a la clase guerrera justificar su poder.
Todos lo años los lideres eran elegidos entre los ganadores de una competencia. Con este sistema se cambiaba de lideres entre los grupos en base a una carrera por un huevo de gaviotin. El ganador de esta prueba era consagrado como el hombre pájaro o tangata manu, convirtiéndose en el representante de Make Make en la tierra durante un año, tiempo durante el cual su grupo recibía privilegios especiales y liderazgos.


Una vez que estaban en el islote debían esperar refugiados en cavernas y cazando su propio alimento, por días o incluso semanas la llegada de los pájaros.
Cuando uno tenía la suerte de conseguir el primer huevo del manutara, el poseedor del huevo anunciaba su éxito gritando con fuerza el nombre de su líder y la expresión “Ka varu te puoko” que significa “afeita tu cabeza”. El grito era escuchado por un vigilante que estaba en una cueva en la parte inferior del acantilado.
El ganador, debia volver a Orongo con el huevo intacto amarrado a su frente. Debia librarse del ataque de sus contrincantes (peleaban a muerte si era necesario), librarse de los embistes de olas contra las rocas y evitar caerse durante la subida. Casi todos los competidores morían durante esta prueba.
¿¿¿La realidad supera la ficción, cierto??? Yo me quede con ganas de saber más y más. Asiqué me regalé un libro de sourvenir con toda la historia de esta isla.




















En la parte posterior del ahu existe una plataforma de cremación, posición que se repite en la mayoría de los ahu de la isla. Se cree que esta estructura fue utilizada para los rituales funerarios.









Las estatuas se hallan por todas partes y en lugares casi inaccesibles. Entre las figuras terminadas que descansan a los pies del volcán y las que todavía permanecen en la ladera exterior e interior del mismo, se han contabilizado un total de 397 moai. Esta es la zona de la isla donde se concentra el mayor número de estatuas, casi el 40% del total.



















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