
Esta maravilla de la naturaleza está a cuatro horas desde Las Vegas. Contratamos un tour hasta el lugar y de ahí nos alejamos del grupo para poder recorrer más a nuestras anchas. Decidimos quedarnos una noche en la villa donde hay un par de hoteles.
Cuando empezó a atardecer los colectivos llenos de turistas se fueron marchando dejando solo a unos pocos afortunados en la inmensidad con un silencio abrumador.
Comimos en el restaurante del hotel y nos fuimos temprano a dormir para aprovechar el día siguiente. A las 6.30AM suena mi despertador, nos ponemos todo el abrigo posible, salimos de nuestra habitación y a dos pasos vemos la maravilla que nos cautivo en este viaje, un amanecer increíble sobre el gran cañón. INDESCRIPTIBLE!
Volvimos por un café calentito y nos preparamos para recorrer de punta a punta todos los miradores, la caminata se hace muy amena y es muy fácil disfrutarla. Sacamos fotos y solo gozamos de la vista durante toda la mañana y tarde hasta que cayó el sol y empezaron a llegar los micros para devolvernos a la ciudad del pecado nuevamente.
Nunca pensé que esta maravilla del mundo iba a impactarme tanto, nunca imaginé su inmensidad, su rojizo llamativo y su silencio. Es todo lo que necesitaba para recargar las pilas completas para un año entero. 🙂




























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