
Nunca en mi vida me imaginé que iba a poder visitar Tokio dos veces en tan poco tiempo, pero solo tuvieron que pasar tres años para poder volver a la ciudad mas genial del mundo.
La segunda vez siempre se disfruta mas porque uno ya viene con esa sensación de familiaridad con el lugar y mucho mas preparado. Encima Tokio es un lugar de esos que necesitas muchos días para realmente descubrirlo a fondo, así que en esta escapada a Asia, aprovechando que era nuestro punto de entrada al continente, decidimos dedicarle 4 días (dos al principio de nuestro viaje y dos al final).
Las primeras noches las pasamos en el hermoso The Prince Park Tower, un hotel en el barrio de Minato que está justo frente a la Tokyo Tower y que cuenta con unas vistas increíbles. Despertar con esas postales, o dormirse con las luces de una ciudad inmensa (ni mas ni menos que Tokio) es de otro mundo.



Llegar al hotel fue toda una odisea porque el Narita Skyaccess nos dejó a siete cuadras y justo en el momento que salimos de la estación de tren se largó un diluvio increíble así que hasta llegar al hotel nos mojamos de pies a cabeza. Fue muy placentero caminar bajo la lluvia viendo en intenso verde japonés. Ni bien llegamos nos estaban esperando con unos buenos toallones.
El sistema de subte es una maravilla, todo impecablemente limpio, bien señalizado y silencioso. Ni siquiera queríamos hablar entre nosotros dentro del subte por miedo a molestar al de alado. Compras obligadas en las tiendas subterráneas de productos de diseño y muy buena calidad.


















Recorrimos varias papelerías, las papelerías en Tokio son un deleite para el artista tienen una variedad impresionante de cosas en cada papelería nos quedábamos un par de horas y salíamos con alguna que otra comprita.














Nos quedamos en el hotel Metropolitan Tokyo Marunouchi, que tiene unas vistas nocturnas espectaculares, para intoxicarnos con tremendas vistas dormíamos con las cortinas abiertas bañándonos en las coloridas luces de la ciudad.



El segundo día lo dedicamos a recorrer las originales tiendas de las calles subterráneas de la Tokyo Station (todo un mundo por descubrir hay ahí) y a recorrer el barrio de Akihabara.
Barrio donde, entre otras cosas, aprovechamos a conocer un pequeño paraíso nerd llamado Super Potato, que es una tienda de retro-informática única en el mundo.















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