
Afuera ya haciendo la cola para subir al taxi el “coordinador” de los vehículos no le hizo caso a nuestra nota y nos puso en un taxi que no solo no tenía tarjeta, sino que el pobre conductor no entendía ni un poquito de inglés.
Ya saliendo del aeropuerto el chofer re lee la nota y se da cuenta lo de la tarjeta y ahí es donde empieza «dígalo con mímicas» jajaja. Tratando de explicarle por señas que pare en cualquier cajero automático o 7 Eleven para sacar dinero y pagarle, y el insistiendo en que no tenía tarjeta, así un buen rato hasta que al taxista se le ocurre llamar a la chica del aeropuerto, me pasa el teléfono para que le explique a ella y ella le explique a él. Ya casi llegando al hotel nos llevo a un cajero y pudimos pagar nuestro viaje.
La vista nocturna del hotel que justo está ubicado en frente de una salida de autopista no nos dejó muy contentos, pero por suerte resultó ser un hotel muy agradable con una habitación muy cómoda en donde destacaba un jacuzzi gigante que utilizamos todos los días para descansar de nuestras eternas caminatas.



Al día siguiente arrancamos visitando el Huashan 1914 Creative Park, pero le erramos con el horario y estaba cerrado, así que después de una vuelta seguimos camino a unas librerías de esas que le gustan mucho a Roxi, llenas de cosas originales de papelería.
Las calles de Taipéi son algo único de recorrer, llenas de vida propia y de detalles para descubrir durante un mes entero. Una ciudad distinta y muy original.











Tomamos el subte (anda de maravillas y no tuvimos ninguna congestión en los días que estuvimos) y nos fuimos derecho al Taipéi 101, para batir nuestro récord de altura conociendo el mirador ubicado a 400 metros de altura.
El edificio tiene un shopping muy interesante, pero el punto fuerte está en los pisos superiores donde hay dos miradores, uno externo en el piso 91 y otro interno en el piso 89.
Las vistas son alucinantes, como Taipéi en general no es una ciudad tan alta como otras de Asia se puede ver un gran panorama desde los miradores.
Se puede visitar el “balanceador” del edificio. Una bola gigante que ocupa cuatro pisos y que se encarga de equilibrar el edificio contra los tifones y movimientos de la zona.
Este balanceador es tan icónico que hasta tiene todo una serie de personajes (Damper Babies) muy simpáticos todos inspirados en su forma.
Visita obligada de Taipéi, no faltan los restaurantes con mirador (piso 86) y las tiendas de souvenirs temáticos del edificio y del Damper Baby.







Longshan Temple con sus 200 años es un lugar hermoso para visitar con todas sus luces, arquitectura y humos de los sahumerios. Obviamente había bastante gente, se mezclan los turistas con la gente local que intentan rezar, pero esto no le quito ni un poco a la visita. Lo bueno de este lugar, es que se encuentra al lado de uno de los mercados nocturnos más famosos, obviamente fue una visita obligada para nosotros.









El mercado nocturno de Wanhua cuenta con todo lo que se espera de un mercado asiático de este tipo. Mucha comida callejera, ropa muy barata, piratería de todo tipo, galerías con lugares que van desde los masajes hasta vaya uno a saber qué cosa y hasta un restaurant donde te sirven vino o sangre de serpiente como aperitivo … de esto solo hay foto desde lejos, aun no somos tan aventureros.
Son paseos que quizás no le gusten a todo el mundo, pero realmente te muestran la esencia del lugar, no tanto por lo que venden, sino por la gente que se ve, son verdaderos taipenses buscando ganarse la vida.






Segundo día en Taipei nos encontró volviendo al Huashan 1914 Creative Park. Un paseo de compras con varias tiendas de ropa y artesanías 100% taiwanesas. Te encontrás con cosas originales de diseñadores, con una casa totalmente invertida, algunas esculturas del gran Miyazaki como la de Ponyo y hasta libros gigantes para la foto. Es un paseo que bien vale recorrer con cámara en mano.











Un lugar soñado, vale mucho la pena subir y sobre todo quedarse en algún lugarcito para capturar un atardecer increíble. Pero mejor dejo que las fotos de Roxi hablen.


















El cuarto día nos fuimos a Taroko (ver acá).
El quinto día se lo dedicamos a un shopping increíble, el Guanghwa Digital Plaza. Dos edificios enormes conectados dedicados enteramente a la tecnología. Desde componentes de computadoras, fotografía y gadgets de lo más modernos, no faltó absolutamente nada. Unos precios increíbles que van a ser la locura de los amantes de la tecnología (desgraciadamente Argentina es uno de los lugares mas caros del mundo para comprarla). Alucinante también el patio de comidas, en donde disfrutamos de una comida asiática de primer nivel (coreana en mi caso). Luego de unas compras obligadas, seguimos camino al maravilloso pueblo de montaña Jiufen, del cual pueden leer todo acá.

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